El reclamo del Movimiento de los Países No Alineados, conllevó a la reconfiguración de los medios masivos de comunicación. Primero lo consiguieron con la etapa explicada en el artículo anterior, de Argel a Nairobi, donde a través del tratado firmado, los Gobiernos debieron hacerse cargo de la regulación. Lamentablemente, en Latinoamérica reinaban los presidentes de facto. Por lo tanto, el Mundo tomó conciencia de la importancia de la independencia informativa, que conllevaba, ligada a ella, la independencia cultural.
Por lo tanto, la libertad para la utilización de los medios de comunicación, fue utilizada como parte de la estrategia para lograr la hegemonía sobre la población y para ayudar a asentar un ideal en la sociedad. Es por este motivo que en 1976 se vuelve a debatir sobre este tema, naciendo así una nueva etapa, la Contenidista.
Etapa Contenidista. XIX Conferencia de la Unesco:
En la Cumbre realizada en Nairobi, en el año 1976, el Movimiento de los Países No Alineados presentó un estudio sobre la problemática de los medios de comunicación dejando en claro que, para descolonizar totalmente a los países tercermundistas, era importante lograr un nuevo orden informático internacional basado en el equilibrio y el derecho a comunicar.
París 1978. XX Conferencia de la Unesco:
Se propuso una línea entrelazada entre la propuesta del Nuevo Orden Informático Internacional de Comunicación (NOMIC) y el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI), para poder favorecer a la independencia de los países emergentes. Consiguiendo un hecho histórico en materia de comunicación de masas.
Belgrado 1980. XXI Conferencia de la Unesco:
A través del Informe MacBride, un escrito con el estudio de la problemática de los medios de comunicación, se estipuló que el NOMIC debía basarse en: La eliminación de desequilibrios y las desigualdades, la eliminación de los monopolios, privados y estatales, liberación del flujo de ideas e información, pluralidad de fuentes y canales, libertad de prensa y expresión, la libertad de los periodistas, entre otros puntos. Se planteó la eliminación de la información como una mercancía para que sea un bien público, defendiendo, y permitiendo, el acceso a ella.
Esta resolución provocó un estallido interno de la Organización, Estados Unidos, Rusia y sus países aliados (Alemania, Suiza y Holanda) mostraron su descontento que se iba a ver reflejado en 1981 cuando abandonaron la Unesco por el nuevo orden que planteaban.




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